El talento enjaulado

Escrito por Rosa Botas

He leído alguna vez que los niños necesitan libertad para desarrollar sus talentos. Que necesitan que se les dé la confianza para sentirse libres y así expresar sus emociones de mil maneras geniales. Que necesitan arriesgarse, caerse y que nadie les recoja. Y que si a la primera vez no sale, necesitan tener la seguridad de que no pasa nada y lo pueden volver a intentar, dos, tres, cuatro, infinitas veces.

No puedo evitar pensar que el desarrollo del talento en los niños es muy similar al desarrollo del talento en los adultos. Sin embargo, basándome en esta analogía, se me ocurre que la mayoría de las organizaciones hoy en día son padres autoritarios, egoístas, rígidos y que no se preocupan en realidad del desarrollo del talento ni de propiciarlo, ni de fortalecerlo, ni de hacerlo crecer, ni de dejarlo libre.

He visto como muchas personas se incorporaban a nuevos puestos de trabajo el primer día con mucha ilusión. Todos o la mayoría con muchas ganas de demostrar su capacidad de trabajo y su implicación en un nuevo proyecto. Y al mismo tiempo creo que todos con una pequeña esperanza de que se les diera la posibilidad de desarrollarse  y de que quizá alguien viese ese algo especial que ellos poseen y que sólo si se presentan las condiciones correctas son capaces de mostrar.

¿Por qué esa ilusión se va perdiendo en el día a día? ¿Por qué nos vamos metiendo en la dinámica de dejar la creatividad, las ideas, la innovación, el atrevimiento, si da tiempo, para el final de la jornada?  ¿Por qué nadie se da cuenta de que toda la frescura y la ilusión del primer día se van desvaneciendo y no permanecen en el tiempo? ¿Por qué no se consigue mantener esa chispa encendida?

Llevo tiempo pensando en el talento enjaulado. Yo lo definiría así ya que me parece una manera muy descriptiva de ponerle nombre a esa frustración de tantos, inicialmente felices, colaboradores. No quiero ser negativa, no creo que sea algo que me define, pero comentándolo con muchas personas que tienen una visión global, creo que es cierto  que hay una tendencia en las organizaciones a obviar el talento, a centrarnos en resultados, a no emplear el tiempo y recursos necesarios para que se desarrolle, a, en definitiva, meterlo en una jaula: que cumpla pero que no se escape y que no crezca demasiado. Y supongo que en esas circunstancias el talento se comporta como un animal salvaje, por mucho que le intentemos dar las condiciones más propicias y parecidas a su hábitat, nunca volverá a ejercitarse de la manera que lo hacía en su entorno natural.

Pero al mismo tiempo hay muchos que opinan, no diferente, sino lo contrario.  Ayer mismo oía a un Director de RRHH, “… no estamos en tiempos de gestionar el talento. Con los momentos que vivimos y con lo mal que están las cosas, nos tenemos que centrar en resultados y en rentabilidad…”.

Bueno, mi opinión es que hay tanta jerarquía, tantos tabúes, tanta organización, tantos prejuicios, tantos miedos en definitiva, que no nos atrevemos a pensar libremente. No nos atrevemos a innovar en serio. No nos atrevemos a hacer las cosas como nos surgen, como nos inspiran. Tenemos que poner filtro a todo. Tenemos que corregir todo lo que nos viene de dentro para adaptarlo a las circunstancias. Tenemos que usar tanto la cabeza, que tenemos que obviar las tripas, el olfato, el tacto, el corazón… y al final, yo lo siento, que me corrijan los estudiosos del tema, pero para mí el talento responde cuando todo el sistema funciona.  Y si no somos capaces de verlo,  lo que hacemos es mutilarlo, paralizarlo, enjaularlo.

¿Qué es lo que nos frena para no ser capaces de dar plena libertad a esa persona en la que creímos al contratarla? ¿Por qué queremos tener el talento bajo control en vez de liberarlo y arriesgarnos?

Mi propuesta es ser muy valiente. Es atreverse, es abrir las jaulas, es liberar el talento cautivo, es darle alas y no olvidarnos de re-enseñarle a volar.

La creatividad necesita del coraje y de la libertad, y como dijo Einstein,  “La imaginación es más importante que el conocimiento”.

Crédito de la imagen: h.koppdelaney / Foter.com / CC BY-ND

2 comentarios

  • Juanjo

    Super acertada.
    Creo que la palabra que define lo que ocurre es ” MIEDO “.Inseguridad de quienes pilotan las naves y creen ver competidores ó usurpadores de un espacio para el que creen estar destinados.
    Las empresas con mas talento aprovechado, esas donde uno es conocedor de sus funciones,pero propulsor de ideas ó modelos de negocio, en fin empresas Frescas, son las que triunfan.
    En fin, las empresas deben ser autopistas de 8 carriles donde no se produzca jama un cuello de botella y te encuentres un 600 a 50 x hora marcando el camino.

  • Sergio Hinchado

    Felicidades Rosa. Un artículo escrito, como dirías, desde las tripas y el corazón.

Deja un comentario

WIT SOCIAL