¿En cuál de estos 5 escalones del proceso de despido interior estás?

Escrito por Alberto Chouza

“Cuando nuestra infelicidad laboral nos lleva a convertir nuestro trabajo en una prisión”. Esta desalentadora frase aparece en la portada del libro El despido interior, escrito por Lotfi El Ghandouri (Editorial Alienta) en el año 2007. Cuando se llega a esa situación, es que ya han ocurrido unas cuantas cosas. El problema es que en muchas ocasiones suceden sin que apenas nos demos cuenta de ello. Y nos van minando poco a poco. Es un proceso paulatino de deterioro en nuestra relación con el trabajo que podemos reconocer si sentimos síntomas como dejadez, abandono o indiferencia.

El autor lo define como el resultado final de un largo y complejo proceso de vivencias negativas en el trabajo. El trabajador se va distanciando poco a poco de sus funciones. En silencio y sin llamar la atención, pasando inadvertido, evitando conflictos. Hasta llegar casi a desear hacerse invisible.

A esta situación se llega descendiendo los peldaños de una escalera que va minando la ilusión con la que empezamos a trabajar. Los escalones o fases del proceso de despido interior son los siguientes:

  • La entrega. Acabamos de incorporarnos y en el primer momento todo es ilusión. Nos sentimos especiales e involucrados. Sin embargo, no tardan en aparecer los primeros desacuerdos, las primeras decepciones. En este momento corremos el riesgo de descender al siguiente escalón si no somos capaces de manejar los conflictos y afrontamos con madurez las pequeñas desilusiones cotidianas.
  • El compromiso. Fase en la que decidimos cumplir únicamente con lo que tenemos que hacer. Sentimos que ni nuestro jefe, ni la organización, ni los propios compañeros valoraron nuestro esfuerzo y entrega inicial. La organización no se da cuenta de que hemos disminuido nuestro nivel de desempeño porque seguimos cumpliendo con sus expectativas. Pero no vamos más allá, no intentamos aportar nada nuevo ni diferente.  En el día a día, siguen surgiendo conflictos y seguimos enfrentándonos a ellos. Si todo se resuelve favorablemente, podríamos volver al escalón superior, el de la entrega, pero si los conflictos no se resuelven y sentimos que no se cumplen nuestras expectativas, seguimos acumulando frustración y la infelicidad aumenta.
  • La participación. Ya hemos caído en la rutina. Hacemos lo que nos piden. En esta fase la empresa ya es consciente de la situación. No se cumplen las expectativas ni de la organización ni, por supuesto, del trabajador. Los conflictos entre las partes se acentúan. Apenas existe comunicación. Hemos llegado a un punto de inflexión que puede llevar directamente al más profundo despido interior o, por el contrario, revertir la situación y restablecer las relaciones y la confianza mutua. Llegados aquí, las opciones son las siguientes:
    • Llegar a un acuerdo que impulse y renueve la confianza y la entrega mutua.
    • La empresa decide despedir al empleado.
    • El empleado abandona la organización.
    • Ya que no lo despiden, el trabajador no hace ningún esfuerzo para cambiar su situación profesional y opta por sumergirse totalmente en el despido interior.
  • La retirada. Nos sentimos víctimas y nos posicionamos en que la empresa está en contra de mí. Nos convertimos en rebeldes pasivos y decidimos no afrontar la situación. Consideramos a la organización culpable de nuestra infelicidad y nos vemos atrapados entre el sueldo que recibimos y la tristeza que nos genera la situación. Los demás tienen que darse cuenta de la situación, pensamos. Pero esto no sucede y, en lugar de aclarar la situación, nos enfrentamos al  jefe o buscamos otras salidas tanto dentro como fuera de la organización. También podemos no actuar y entonces descender al último escalón.
  • La resignación. El último peldaño. Nivel de autoconfianza en mínimos. Parálisis general y pensamientos negativos y pesimistas. Hacemos nuestro el eslogan de más vale malo conocido… Nos tratamos de autoconvencer con frases del estilo “el trabajo es trabajo” o “a casi nadie le gusta lo que hace”. Nos hemos rendido y aceptamos la situación. Renunciamos a nuestros principios, a nuestro crecimiento personal y profesional. Ahora sí, como decía al comienzo del post, nuestra infelicidad laboral nos lleva a convertir nuestro trabajo en una prisión.

Estudios como el reciente informe Gallup Q-12 indican que el 71% de las personas de las organizaciones no están comprometidas, de las cuales el 17% están consideradas dañinas. Cifras preocupantes y para la reflexión de todas las partes. Intuyo que en muchas organizaciones los últimos peldaños de la escalera tienen demasiada gente. Y algunos es posible que no  puedan soportar tanto peso.

Crédito de la foto: Josh Liba / Foter / CC BY-NC-ND

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