¿Está de moda el optimismo?

Escrito por Manuel Rego

Hace unos días estaba con un amigo que trabaja como “director de personas”, tal y como le llaman ahora, y me decía que ellos intentan detectar el optimismo de las personas cuando realizan el proceso de selección y descartan aquellas que muestran índices de optimismo muy bajos o, diciéndolo de otro modo, muestran actitudes pesimistas. Los pesimistas hay que mantenerlos alejados, trasladan su pesimismo al resto, es muy contagioso, decía mi amigo. Me fui a casa pensando que debía hacer algún test que midiese mi optimismo, no fuese a ser que estuviese dentro de ese grupo a excluir: el de los pesimistas.

Unos días más tarde, viendo uno de esos documentales que ponen cada seis meses en la tele sobre la segunda guerra mundial, viendo los campos de concentración nazis, me vino a la mente mi amigo, y pensé en los pesimistas confinados en zonas de reclusión en las que no puedan contagiar al resto de los humanos su pesimismo.

En este mundo tan “feliz”, ¿qué podemos hacer con los raros?, ¿los pesimistas?… Evidentemente después de avanzar tanto en el desarrollo de las libertades y en nuestro cada vez más pobre estado del bienestar, parece impensable recluir a los pesimistas a zonas de exclusión… Es broma.

Como consecuencia de esta reflexión sobre los optimistas y los pesimistas, y buscando un “remedio” para los pesimistas, me hago una serie de preguntas: en esto del optimismo, ¿se nace o se hace uno optimista?, ¿si no viene de nacimiento, cómo se consigue ser optimista?, ¿quién tiene más posibilidades de ser optimista, el que tiene carácter o forma de ser introvertido o el extravertido?, ¿el que tiende a comportamientos muy emocionales o comportamientos racionales?

En cuanto a la primera pregunta algunos expertos explican que en parte es genético, es decir que nos lo transmiten nuestros antepasados, o sea que algunos tienen la suerte de contar con el gen del optimismo de serie, y otros, más desafortunados, nacen un poco cenizos, pesimistas. Es como el que nace guapo o feo. La diosa fortuna te ha agraciado con un buen físico y además optimista, menudo chollo.

Estilos de personalidad y optimismo

He leído diferentes estudios que correlacionan estilos de personalidad con optimismo. Parece ser que existe una tendencia a que las personas con perfiles más extravertidos tienden a ser más optimistas. Es decir, tienden a tener creencias o expectativas más positivas sobre los acontecimientos que les depara la vida en general. Los introvertidos tienden a analizar de un modo más concienzudo y más “real” los acontecimientos, colocándose primero en situación defensiva ante situaciones críticas, tienden más al “realismo pesimista”. Según esto, los introvertidos lo tienen más complicado para ser optimistas, y por tanto para ser felices…., bueno, pues yo tengo mis dudas…. Me explico.

Creo que aunque seguro que esta tendencia es cierta, cada uno es como es. Cada uno, al igual que si ha nacido alto, rubio y con ojos azules, o por el contrario, bajo, gordito y con mucho pelo en la espalda. Al igual que el físico, interiormente también somos distintos, unos muy extrovertidos y muy emocionales, otros muy reservados y analíticos, otros muy decididos y fríos… Cada uno tenemos una forma de ser, tenemos un estilo propio, quizás los más comunicativos y simpáticos tiendan a ser más optimistas, pero, ¿son unos mejores que otros? o ¿pueden ser más felices?

Algunos expertos, como ya dije antes, nos hablan de herencia genética, de circunstancias y de actitud ante la vida (Sonja Lyubomirsky). Le otorgan porcentajes a cada grupo en la consecución de la felicidad y nos trasladan que nuestro esfuerzo más decidido ha de dirigirse hacia la actitud, pues los otros dos factores, los genéticos o los circunstanciales, no dependen de nosotros.

Es claro que es así, la actitud ante la vida es fundamental, es cierto, y seguro que podemos cambiarla, pero nuestra forma de ser, nuestro estilo es determinante, quizás sea muy difícil modificarlo, incluso casi imposible, y además, creo que no sería ni bueno hacerlo, creo que tenemos que reivindicar nuestro estilo, incluso aunque en algunas ocasiones tienda al realismo casi pesimista, es nuestra identidad, no debemos de renunciar a ella ni incluso porque esté “mal visto”.

Aceptación

Creo que una de las claves para ser más feliz reside en nuestra aceptación propia, nuestro amor propio, también llamada autoestima. Creo que nuestra felicidad tiene que ver en gran medida con nuestra forma de entendernos a nosotros mismos y como gestionar nuestro ser de un modo inteligente y ahí sí que podemos cambiar cosas.

Posiblemente los introvertidos, mucho más analíticos y menos tendentes a ver la botella medio llena, estarán más cómodos y aportarán más en posiciones analíticas y reflexivas, seguro que ven la botella mediada. Sin embargo los extravertidos les vendrá mejor estar en contacto con personas, lejos de la actividad planificadora, en la fase de puesta en marcha, seguro que estos, la ven casi llena.

En definitiva, igual algunos no han tenido la suerte de nacer altos y optimistas…, pero seguro que si buscamos dentro de ellos tienen algo que los diferencia y los hace extraordinarios. Cada uno de nosotros ha de identificar su estilo, hacerlo propio y considerarse, como dicen algunos “el gordito más guapo del mundo”, o como dicen otros, “la mejor versión de ti mismo”.

Al final, las organizaciones, las empresas, como la vida y el mundo en general, están compuestos de diferentes estilos y diferentes personas, razas, credos, religiones, y eso es lo realmente apasionante, sino, viviríamos en un mundo preconcebido, como autómatas carentes de vida con guiones preestablecidos. En las personas pasa lo mismo, aunque seguro que somos más felices rodeados de optimistas por doquier, tenemos que hacer sitio a algún pesimista que nos estropee o estropeemos (por no decir otra cosa), de vez en cuando el maravilloso día que estábamos disfrutando. ¿Para qué?, para volvernos a la realidad de la esencia humana.

Yo le diría a mi querido amigo “gestor de personas”: identifica el estilo de cada persona, ayúdale a hacer y a aportar a tu organización desde su estilo, alguno incluso desde su pesimismo… deja que tu organización sea un reflejo de la naturaleza humana, optimista en algunos casos y pesimista en otros. En definitiva, humana.

Crédito de la imagen jez atkinson @ Flickr

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