Hace algún tiempo…

Escrito por Marta Hortas

Hace algún tiempo cayó en mis manos una lectura de la que me sorprendió enormemente uno de sus párrafos. Palabras reveladoras no sólo por lo que manifiestan sino también por la realidad que encubren. El párrafo era el siguiente:

En física, la gravedad se define como una fuerza muy débil; sin embargo, no tenemos que caer desde mucha altura para que nos duela.

Cuando preguntamos a los directivos y sus equipos que describan las fuerzas que actúan sobre ellos, en general la respuesta es que están sometidos a una muy grande: hacer la tarea encomendada; y a dos más leves: mantener el ritmo de aprendizaje y gestionar los comportamientos.”

En el mundo de la empresa es posible que los equipos rindan de forma correcta sin tener en cuenta a esas dos fuerzas leves. Sin embargo, será en aquellos donde el aprendizaje y la gestión de los comportamientos tengan relevancia donde mejores resultados se darán. Y para que esto se produzca será necesario un compromiso tanto por parte de la organización como por quienes en ella trabajan, y mucho esfuerzo por parte de ambas.

Sólo las organizaciones que se preocupen de la gestión de comportamientos, de las personas, tendrán la oportunidad de descubrir nuevos talentos o desarrollar los existentes. Ninguna persona es igual a otra y, en consecuencia, su comportamiento tampoco lo es. Esta gestión implica, por tanto, ser capaz de adaptarse y entender a cada cual de forma diferente, personalizada. Pero por mucho que la organización innove y cree nuevos planteamientos, ese conocimiento no se producirá si no es capaz de generar un clima de confianza suficiente para que las personas “se den a conocer” tranquilas por saber que aquello que aporten será, al menos, considerado.

Ese paso de “darse a conocer” por parte de los miembros de un equipo conlleva no sólo la aceptación de pertenencia al mismo sino también una demostración de compromiso firme para con la organización.  Ese compromiso se demostrará cuando sea necesario tomar decisiones que no hagan ganar al individuo pero sí al equipo. Ahí, por encima de cualquier otro momento, se pondrá de manifiesto la necesidad de autoconocimiento y de desarrollo de habilidades personales por parte del individuo y la gestión de las emociones por parte de la organización.

Si todo lo anterior funciona, sin duda,  el talento surgirá. El individuo se encontrará seguro y acompañado no sólo para realizar aportaciones en aquellos campos que domina sino también para experimentar nuevas experiencias más allá de sus propios límites.

Esta reflexión forma parte del modelo empresarial en el que yo creo. A lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de trabajar en distintas organizaciones, no sólo por su actividad sino también por la importancia que atribuían a la gestión de las personas. Sin duda ha sido en aquellas donde la atención a los comportamientos era mayor donde he sido capaz de dar más de mi misma, superando los límites en muchos casos autoimpuestos.

Desde hace años tengo la fortuna de trabajar para una organización, R, que practica la gestión de las emociones y la atención a las personas. Ciertamente, mi experiencia en R a lo largo de estos años no puede más que reafirmar mi creencia en este modelo.

Escrito por Marta Hortas

Hace algún tiempo cayó en mis manos una lectura de la que me sorprendió enormemente uno de sus párrafos. Palabras reveladoras no sólo por lo que manifiestan sino también por la realidad que encubren. El párrafo era el siguiente:

En física, la gravedad se define como una fuerza muy débil; sin embargo, no tenemos que caer desde mucha altura para que nos duela.

Cuando preguntamos a los directivos y sus equipos que describan las fuerzas que actúan sobre ellos, en general la respuesta es que están sometidos a una muy grande: hacer la tarea encomendada; y a dos más leves: mantener el ritmo de aprendizaje y gestionar los comportamientos.”

En el mundo de la empresa es posible que los equipos rindan de forma correcta sin tener en cuenta a esas dos fuerzas leves. Sin embargo, será en aquellos donde el aprendizaje y la gestión de los comportamientos tengan relevancia donde mejores resultados se darán. Y para que esto se produzca será necesario un compromiso tanto por parte de la organización como por quienes en ella trabajan, y mucho esfuerzo por parte de ambas.

Sólo las organizaciones que se preocupen de la gestión de comportamientos, de las personas, tendrán la oportunidad de descubrir nuevos talentos o desarrollar los existentes. Ninguna persona es igual a otra y, en consecuencia, su comportamiento tampoco lo es. Esta gestión implica, por tanto, ser capaz de adaptarse y entender a cada cual de forma diferente, personalizada. Pero por mucho que la organización innove y cree nuevos planteamientos, ese conocimiento no se producirá si no es capaz de generar un clima de confianza suficiente para que las personas “se den a conocer” tranquilas por saber que aquello que aporten será, al menos, considerado.

Ese paso de “darse a conocer” por parte de los miembros de un equipo conlleva no sólo la aceptación de pertenencia al mismo sino también una demostración de compromiso firme para con la organización.  Ese compromiso se demostrará cuando sea necesario tomar decisiones que no hagan ganar al individuo pero sí al equipo. Ahí, por encima de cualquier otro momento, se pondrá de manifiesto la necesidad de autoconocimiento y de desarrollo de habilidades personales por parte del individuo y la gestión de las emociones por parte de la organización.

Si todo lo anterior funciona, sin duda,  el talento surgirá. El individuo se encontrará seguro y acompañado no sólo para realizar aportaciones en aquellos campos que domina sino también para experimentar nuevas experiencias más allá de sus propios límites.

Esta reflexión forma parte del modelo empresarial en el que yo creo. A lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de trabajar en distintas organizaciones, no sólo por su actividad sino también por la importancia que atribuían a la gestión de las personas. Sin duda ha sido en aquellas donde la atención a los comportamientos era mayor donde he sido capaz de dar más de mi misma, superando los límites en muchos casos autoimpuestos.

Desde hace años tengo la fortuna de trabajar para una organización, R, que practica la gestión de las emociones y la atención a las personas. Ciertamente, mi experiencia en R a lo largo de estos años no puede más que reafirmar mi creencia en este modelo.

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