Kiko Alabart, Managing Director: “El talento consiste en saber explotar la capacidad diferencial que tienes”

En esta ocasión hemos contactado con Kiko Alabart. Muchas son las razones por las que nos interesa conocer sus opiniones, en particular por las conexiones entre el mundo del deporte profesional y la empresa o la forma de gestionar la transición del fin de la carrera deportiva hacia nuevos retos en ámbitos diferentes. Amablemente ha aceptado nuestra invitación para aparecer en Gente WIT aportándonos sus reflexiones sobre la gestión del talento, el desarrollo profesional o los equipos de alto rendimiento, entre otros temas.

Nos recibe en su despacho de A Coruña, ubicado en una de las instalaciones del Grupo Hijos de Rivera en el Polígono de A Grela. Y gracias a la confianza que nos demuestra, la claridad de sus explicaciones y la experiencia que atesora, hablamos de muchos temas. El deporte, la empresa, la familia, la globalidad de los negocios o la gestión de la diversidad van surgiendo de manera natural en la conversación.

Alabart formó parte de uno de los fenómenos deportivos más importantes de la década de los 80 en Galicia. Contribuyó activamente a engrandecer el que todavía es en la actualidad el club gallego, de cualquier especialidad deportiva, con mejor palmarés, el Hockey Club Liceo. Llegado del Reus Deportivo, uno de los equipos con mayor tradición, durante cinco temporadas participó en el proyecto que fue capaz de disputar a los grandes clubes de la época las principales competiciones nacionales e internacionales. Un proyecto que traspasó el ámbito puramente de los aficionados al hockey, contagió emocionalmente y apasionó a muchas personas ajenas hasta entonces al deporte y fue capaz de generar sentimientos de identificación que se extendieron por el tejido social del entorno. Cada domingo el palacio es una fiesta, se decía entonces con razón.

¿Qué lleva a un joven a desarrollar una carrera profesional dentro del deporte?

Influyen muchos factores y se tienen que dar una serie de circunstancias, pero desde luego es necesario tener ilusión por lograrlo. En mi caso me gustaba el deporte en general, pero el crecer en un entorno como Reus en el que el hockey está tan arraigado me llevó a practicarlo. Poco a poco fui destacando en categorías inferiores, entrenaba mucho, en ocasiones me ofrecía voluntario para entrenar con el primer equipo y con 17 años tuve la ocasión de debutar en división de honor.

Pero las oportunidades hay que aprovecharlas…

Muchas promesas se quedan en el camino. Los 16, 17 o 18 años son momentos decisivos en los que se decantan muchas de las posibilidades de alcanzar la élite. Y es clave la voluntad. Para entrenarse, para sacrificarse y para renunciar a otras cosas por algo que te apasiona. Y es ahí cuando en muchas ocasiones gente con más talento se queda.

¿Qué es lo que marca la diferencia?

Ser tan bueno como los demás y entrenar un poco más. Esfuerzo y capacidad de sacrificio. Ayudará mucho tener la cabeza amueblada y un entorno familiar y personal adecuado.

Y en tu caso, ¿cómo fueron aquellos momentos?

Al acabar COU me fui a estudiar Económicas a Barcelona. Era algo que me gustaba y atraía ya que desde pequeño tuve la oportunidad de conocer el mundo de la empresa por los negocios familiares. Durante seis años me desplazaba varios días a la semana a Reus para entrenar. En la facultad tampoco eran frecuentes las facilidades para compatibilizar campeonatos y exámenes. Pero tenía claro que no quería renunciar. La ilusión seguía siendo mi motor. Con el paso de los años te das cuenta de que la vida del deportista es la mejor que hay.

Llega un día en el que decides fichar por el Liceo y trasladarte a A Coruña.

En un momento dado pensé que había llegado la hora de cambiar, de buscar nuevos retos. Tenía ofertas de Italia y del Liceo. En la decisión no fue fundamental el aspecto económico. En el plano deportivo el proyecto del Liceo era muy bueno. Un equipo con fantásticos jugadores, en el que todo el mundo aportaba y teníamos un objetivo común, hacerlo bien y triunfar. Jugábamos más por conceptos que por sistemas y las cosas nos salían fáciles, de manera natural. Ganábamos títulos y generábamos emociones.

¿Cómo afrontaste el abandono del deporte profesional?

En mi última etapa deportiva había regresado a Cataluña y tenía claro que tras la retirada iba a dedicarme al mundo de la empresa. Tenía inquietud por lanzar mi propio negocio. Me considero emprendedor, con iniciativa y valoro disponer de autonomía, por lo que decidí dar el paso y creé una pequeña distribuidora. Fue una época dura, en la que aprendí muchas cosas que luego he podido poner en práctica. Pero fue muy gratificante. No analizas tanto los riesgos, eres más atrevido. Y además cada día que pasa lo que haces vale un poco más.

Y más tarde regresaste a A Coruña.

Los vínculos con la ciudad ya eran muy fuertes. Mantenía buenos amigos de mi etapa como jugador y además muchos de ellos eran de fuera del entorno del hockey. Me surgió una oferta atractiva en el Grupo Caixa Galicia que acepté. Desde hace un tiempo formo parte del Grupo Hijos de Rivera.

¿Qué buscas en los proyectos en los que participas?

Siempre me han atraído los proyectos innovadores en los que hay que buscar nuevas vías, abrir caminos. Es lo que me gusta. Ahora mismo estamos lanzando nuevos negocios y proyectos internacionales en Asia, África o Norteamérica. Hay que pelear cada día, pero si no lo intentas no sabes lo que puedes hacer. Te encuentras problemas de gestión, de comunicación, territoriales y todos aquellos que conlleva gestionar la diversidad cultural con la que convives en el día a día. Pero todo ello te enriquece mucho. Te obliga a abandonar la zona cómoda, tener visión estratégica y asumir riesgos. Y tienes la oportunidad de desarrollar un equipo de gente que en un momento dado pueda llegar a trabajar de forma autónoma. Todo ello me exige estar al día, continuar formándome y adquirir nuevas habilidades. Y, sobre todo, me sigue moviendo la ilusión en lo que hago y lucho internamente por mantener la misma de cuando era un chaval y quería jugar al hockey.

¿Cómo definirías el talento?

Creo que es saber explotar la capacidad diferencial que tienes. Conocer tus puntos fuertes y ponerlos al servicio de la organización o el equipo. En el mundo del deporte he tenido la oportunidad de convivir con grandes talentos y cada uno de ellos tenía una capacidad que lo diferenciaba de los demás, lo sabían y lo utilizaban. Había cosas que les salían de manera natural.

Por último Kiko, las emociones en el deporte se perciben, están muy presentes, son fundamentales, pero ¿qué papel juegan en la empresa?

También lo son. En esos estamos, lo perseguimos. Ya no solo lanzamos productos, sino conceptos sobre los que después se generan emociones. Está claro que el mejor prescriptor que tienes es el cliente. Y también es clave hacerlo en el trabajador interno. Desde la dirección debemos de impulsar medidas para conseguirlo. Es necesario querer para los demás lo que quieras para ti y, por supuesto, desarrollar a la gente, al equipo, trasladarles una motivación transcendente y que se sientan partícipes del proyecto.

Inteligencia táctica, rapidez de movimientos o saber posicionarse adecuadamente son algunas de las cualidades con las que lo definen aquellos que lo han conocido en su época de jugador de hockey sobre patines. Cualidades de las que sigue haciendo uso, aunque ya no tanto como le gustaría a él sobre la pista de cualquier pabellón deportivo, pero sí en su exitosa trayectoria en el ámbito empresarial. Y sigue entrenando para mejorar.

Gracias Kiko.

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