La era del Talento

Escrito por Manuel Rego

¡Menudas semanas más convulsas que estamos viviendo!

De repente, los líderes tradicionales se han callado. Algunos, porque nos han dejado: Emilio Botín, Isidoro Álvarez, Adolfo Suárez…; otros, porque no hablan, sin más: Felipe González, José María Aznar, Juan Carlos de Borbón… Los líderes formales o no saben qué decir o están esperando al momento: el presidente del gobierno, el líder de la oposición…, o nos envían mensajes muy obvios y con bajo contenido. Poco creíbles. Más de lo mismo. A veces nos sentimos engañados y nos creemos poco o casi nada.

En el concierto mundial los poderosos dejan de serlo. Los menos poderosos empiezan a serlo. Las grandes economías se ven amenazadas por las nuevas economías. La competencia global. El mundo está inmerso en una gran lucha por competir, por ser los primeros, por imponer sus reglas. Los emergentes, por hacerse un sitio; los tradicionales, por no perderlo; los extremistas por reivindicar su extremo; los tranquilos, su tranquilidad. Todos peleando por imponer su estilo.

En Europa seguimos peleando entre nosotros por estar en Europa manteniendo nuestros intereses como nación. Queremos estar pero sin estar.

En España, algo parecido: unos no quieren estar y los otros quieren que estén.

¿Qué esta pasando?, ¿cambio de ciclo?, ¿fin de siglo retardado?, ¿crisis del modelo socio-político?, ¿CRISIS?

Mis sensaciones

No lo sé. Yo os voy a hablar de mis sensaciones por si coinciden con las vuestras.

Tengo la sensación de que estamos asistiendo a un momento de cambio social, económico y político muy importante. Tengo la impresión de que nuestros líderes tradicionales ya no consiguen apasionar a nadie en torno a su proyecto. Da la sensación de que ya no nos creemos casi nada y su mensaje no nos emociona. Esto no sucede solo con los líderes políticos, que son los menos creíbles, sino también con líderes económicos. Los líderes empresariales no consiguen emocionar a sus equipos. Han dilapidado mucho talento estos últimos años y se empiezan a quedar solos, o solamente acompañados de los peores, de los sumisos.

Sin embargo aparecen nuevos proyectos, algunos tachados de demagógicos. No lo sé. Posiblemente sí demagógicos, pero consiguen apasionar, consiguen movilizar. En la ámbito político aparecen proyectos que provocan incredulidad, miedo y, por supuesto, envidia.

En el ámbito económico y empresarial aparece algún proyecto que empieza a desarrollar talento de verdad. El otro día escuchaba decir a un CEO de una nueva startup: “no contratamos gente inteligente para decirles lo que tienen que hacer sino para que nos lo digan ellos”.

La revolución del Talento

Creo que estamos asistiendo a una revolución silenciosa y pacifica del Talento, del Talento del ciudadano, del Talento del profesional.

Tengo la sensación de que el Talento necesita ya otro escenario. Tengo la sensación de que necesita líderes que hablen claro, líderes que escuchen más que hablen, líderes que a su vez se rodeen de líderes.

Tengo también la sensación de que cada uno de nosotros va ser cada vez más líder de su destino.

Tengo la sensación de que los head hunters o las grandes consultoras de selección van a tener que empezar a pensar en las personas como sus clientes, y no como ahora, que sus clientes son las empresas.

Tengo la sensación de que a pesar de la crisis, a pesar de la deslocalización de la producción, de la competencia feroz de los mercados asiáticos, el Talento quiere desarrollarse y buscará el modo de hacerlo… con un partido político u otro en el poder; en Europa, en España o en Cataluña; no sé con quién, ni dónde, pero sí, con alguien que se entere de lo que quiere y de lo que necesita.

Por ultimo, tengo la sensación de que estamos ante el preámbulo de una nueva era, como bien describe Juan Carlos Cubeiro. En la era del “talentismo” en la que el factor clave ya no es el capital, ni la tierra, sino el conocimiento. En la era en la que las personas se deben situar en el centro y el resto, en la periferia. Espero que nos dé tiempo a entenderlo a todos y nos dé tiempo a definir los modelos que permitan gestionar un cambio tan apasionante.

¡Seguro que sí!

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