Los 7 pecados capitales de la marca personal

Escrito por Alberto Chouza

En una reciente entrevista, Enrique Dans, profesor de Sistemas de Información en IE Business School y uno de los blogueros españoles más reputados, declaraba que lo que ahora llamamos marca personal es lo que toda la vida hemos definido como reputación, antes limitada a los círculos profesionales en los que uno se movía, ahora mucho más fácil de exportar a todos los ámbitos de nuestra vida. La clave es trabajar bien y que se vea. Y en ese orden, insistía Dans.

Comparto la reflexión anterior. Alrededor de la marca personal empiezo a percibir cierta saturación de contenidos que ponen el foco casi exclusivamente en los aspectos externos y cada vez son más los mensajes que parecen eslóganes promocionales. Autobombo y autopromoción a raudales. Suele ocurrir que las modas y la saturación que conllevan llegan a pervertir los términos que se emplean para definir una determinada disciplina o actividad, como puede estar ocurriendo con el también llamado branding personal.

Seguro que nos vienen a la mente varios ejemplos ocurridos en otras materias. Se empieza a caer en la superficialidad, los mensajes semivacíos y cuando nos descuidamos, si no eres un experto en la materia, parece que estés desfasado y en fuera de juego. Por no hablar de la proliferación de cursos de especialización que surgen alrededor de la disciplina de moda. Eso sí, algunos con una duración de un par de fines de semana…

El proceso de construir una marca personal sólida es largo. Exige trabajar con criterio, planificación y coherencia en el mensaje. Son muchos los riesgos que acechan en el camino y no hay atajos que nos lleven a conseguir en poco tiempo esa reputación firme y reconocida. Si aparecen, en muchos casos se convierten en trampas que se acaban volviendo en contra. En la construcción de la marca se deben evitar determinadas prácticas. En particular hoy quiero destacar siete:

  • Soberbia: cuando proyectas a través de tu marca que eres superior a los demás, menospreciándoles con tus mensajes, tus gestos y tus actuaciones. Tú, tú y solo tú. Finalmente lo que estás trasladando es una incapacidad total para reconocer el talento ajeno.
  • Invisibilidad: si no te muestras, difícilmente te van a encontrar. Déjate ver. Al menos, no se lo pongas difícil a los que puedan interesarse por lo que haces. Hoy en día disponemos de muchas herramientas que facilitan esto.
  • Avaricia: dar poco y pedir mucho.
  • Reactividad: no tomar la iniciativa, actuar a remolque de los acontecimientos.
  • Falta de creatividad: no tener propuestas propias de valor, basarse siempre en opiniones y propuestas ajenas.
  • Apatía: es la ausencia de pasión, la auténtica esencia de la marca. Una actitud apática muestra justo lo contrario, te lleva a huir del compromiso, no promover el cambio, no buscar y proclamar a los demás el sentido de las cosas que haces.
  • Envidia: cuando la misión implícita o explícita de la marca es hundir a los demás. Al final lo único que se consigue es perder la credibilidad. A cuento de la envidia me viene a la mente aquello que el famoso escritor argentino Jorge Luis Borges decía. El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: “Es envidiable”. Así que si en alguna ocasión alguien te dice que tienes una marca personal envidiable, no se lo tomes a mal.

Para acabar quiero traer otra reflexión que hacía Enrique Dans. Marca personal es lo que los demás dicen de ti, no lo que tratas de construir tú mismo. De nada sirve que uno tenga muy buena imagen de sí mismo si los demás piensan mayoritariamente que es un idiota o un inepto en su profesión. Por más que monte páginas y páginas dedicadas a mi persona, si lo que digo en ella son estupideces, otros pensarán que soy un estúpido, nada más.

Creo que tiene mucha razón. Porque, como ya sabemos, es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Imagen cortesía de Geralt en Pixabay

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